Multitud de peregrinos aclamaron al Papa a su llegada a Fátima

El objetivo principal del viaje a la ciudad en el centro de Portugal, que recibe alrededor de 7 millones de visitantes al año, es una gran misa al aire libre el sábado para canonizar a dos de los niños. Los niños que murieron de gripe española (broncopulmonía), a los nueve y diez años de edad se convierten en los santos más jóvenes de la iglesia católica que no murieron en martirio.

Muchas personas acamparon durante la noche a lo largo de las barreras en la vasta plaza del santuario. Otros llegaron al alba, con pequeñas sillas plegables en mano y banderas de sus países: España, Venezuela, Francia o Sudáfrica. "Gracias por haberme acompañado".

Luisa Pacheco, una costurera de 48 años de Oporto (norte), hizo su primer peregrinaje para cumplir una promesa hecha hace 30 años. "Caí enferma y prometí a Nuestra Señora que vendría a Fátima si seguía con vida en el centenario de las apariciones", indicó a la AFP.

El presidente portugués desveló que organizar la visita del papa fue "una operación dificilísima y muy completa", y que en principio se planteó que estuviera menos tiempo en Fátima, "apenas unas horas" durante el día de hoy, pero finalmente la visita pudo alargarse.

Considerados como perturbadores del orden público, fueron encarcelados, pero luego liberados por presión popular. El Vaticano se plantea beatificarla desde 2008, tres años después de que falleciera.

"Fátima es sobre todo este manto de Luz que nos cubre, tanto aquí como en cualquier otra parte de la tierra", abundó Jorge Bergoglio, de profunda devoción mariana.

El Papa reza delante de la tumba de dos de los tres pastores videntes en el Santuario de Fátima.

Hoy esta familia llevará las ofrendas en la misa que celebrará Francisco en Fátima.

Jacinta Marto fue la más obsesionada con salvar a los pecadores, por los que se impuso duras penitencias que pusieron fin a su hasta entonces carácter risueño. Los dos primeros serán canonizados mañana.

Dos "milagros" atribuidos a los niños portugueses y reconocidos por la Iglesia permitieron su canonización: el primero, la curación inexplicable en 1997 de una mujer portuguesa que sufría una paraplejía.

Antes de iniciar la plegaria, el Santo Padre rezó en silencio cerca de 10 minutos y, al concluir, depositó ante la imagen de la Virgen de Fátima una rosa de oro.

También se definió ante la Virgen como "un peregrino de la paz" que "actúa en la historia humana", en una referencia a las profecías sobre el futuro del mundo reveladas a los tres niños, Lucía, Francisco y Jacinta, en 1917, y de las que se celebra el centenario. Para garantizar la seguridad de Francisco y de los peregrinos, las autoridades portuguesas desplegaron a 6 mil agentes policiales.

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